Polinotas


Hawking en las nubes by torrijos

Columna 312 – Martes, 7 de junio del 2,011 – 423 palabras. 

PLANETARIO

Hawking en las nubes

VICENTE TORRIJOS R.

A sus 69 años, el físico aquel que anda en una silla de ruedas hablando con la ayuda de un sintetizador y dándose aires de grandeza por su exótica figura y los desvaríos que todo el mundo le aplaude, acaba de asegurar que el cielo no existe, que es un simple “cuento de hadas” y que “no hay nada”, absolutamente nada después de la muerte.

Acostumbrado a desconcertar a los incautos con sus sandeces escatológicas, está completamente convencido de que haber obtenido el Príncipe de Asturias por allá en el 89 y haber escrito algunos libros en los que especula de lo lindo sobre el origen de la vida le dan licencia para negar la existencia de Dios y tratar de persuadirnos de que fuimos “creados de la nada y de manera espontánea”.

Semejante montón de tonterías pasaría inadvertido, claro, si sus dotes de ventrílocuo no le hubieran servido para hacerse a una cátedra en Cambridge y si no hubiese convertido esa cátedra en plataforma para demostrar científicamente lo que es indemostrable, o sea, para convertir a la ciencia en un instrumento panfletario destinado a convalidar sus delirios y espejismos.

Creyéndose, por tanto, poseedor de verdades absolutas y sumo pontífice del más allá y del más acá, Hawking quiere hacernos creer, desde su púlpito ambulante, que “nos hemos inventado el cielo” así como todas esas historias sobre la vida después de la vida porque, simplemente, somos “gente que le tiene miedo a la muerte”.

En otras palabras, poseído como está por la obsesión de una muerte que no le llega (“he vivido con la perspectiva de una muerte prematura durante los últimos 49 años”), este señor se siente autorizado a convertir sus hipótesis en arma arrojadiza y, por simple proyección, hacernos aparecer como sujetos acobardados, temblorosos y llenos de miedo hacia la muerte.

Al desconocer que, justamente por no temerle a la muerte es que compartimos la noción del paraíso, el matemático ha malgastado cincuenta años de su vida como investigador para llegar a la brillantísima conclusión de que ¡ “el cerebro es como una computadora que dejará de funcionar cuando fallen sus componentes” !

Pero, claro, para aderezar esa impresionante lucidez, Hawking sentencia que ¡ “no hay paraíso o vida después de la muerte para las computadoras que dejan de funcionar” !, y remata con broche de oro sacando a relucir su genialidad, su intelecto sobrenatural que lo ha hecho tan diferente a todos los mortales, diciendo que … ¡ “no tiene miedo de morir, pero tampoco tiene prisa por morirse” ! +++


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