Polinotas


Sortu y las Farc by torrijos



Bogotá, martes, 15 de febrero del 2011 / Columna 296 / 428 palabras.

 

PLANETARIO

 

Sortu y las Farc

 

VICENTE TORRIJOS R.

 

Si por aquí llueve, por allá diluvia, porque en un estupendo ejemplo de sincronización estratégica, no sé si espontánea, o inducida, tanto las Farc como el ala política de la Eta, ahora llamada Sortu (Nacimiento), están esforzándose a brazo partido por crear un clima de opinión favorable a la eventual reanudación del diálogo y la negociación (de paz).

 

Primero que todo, se hacen acompañar de sendas organizaciones sociales de cobertura internacional para animar el proceso mediática y simbólicamente.  Partidos políticos simpatizantes, o agrupaciones de iniciativa ciudadana, cumplen el papel de sembrar la expectativa sobre una salida al conflicto en clave de reconciliación.

 

Las de acá son bien conocidas, y las de allá ni se diga.  El Grupo Europeo de Abogados para la Democracia y los Derechos Humanos, así como el irlandés Sinn Fein, cumplen a la maravilla la tarea de impulsar a la banda armada, como si entre ellos el asunto no hubiese sido acordado previamente, para que cese el fuego, dé muestras convincentes de su voluntad de paz, y acceda a entrar en conversaciones con el Estado.

 

Estado que, por supuesto, es señalado como responsable del conflicto en la medida en que fomenta y reproduce la violencia (represiva, estructural), tal como se asocia aquí a uno u otro gobierno con el paramilitarismo o las bandas criminales.

 

En semejante lógica, es apenas comprensible que los militantes de Sortu hagan todo lo posible por desprenderse del pasado, es decir, de las sucesivas ‘treguas-trampa’ de la Eta, del mismo modo en que los simpatizantes de las Farc intentan borrar para siempre de la memoria colectiva de los colombianos la nefasta experiencia del Caguán reemplazándola por la –igualmente desastrosa, sin duda- farsa de Ralito, cuando a las Autodefensas se les dieron todas las facilidades para borrar sus pecados.

 

Por otra parte, los refundadores de la izquierda nacionalista vasca no condenan sino que apenas rechazan la violencia, violencia que para ellos tiene una naturaleza política y en la que un terrorismo, igualmente político, podría estar históricamente justificado.

 

Que, palabras más, palabras menos, es lo mismo que sucede aquí con las Farc, pues, cuando se insiste en “una salida negociada al conflicto”, se elude, con particular habilidad y sigilo, cualquier exigencia de que la banda se desmantele, se disuelva, o deponga las armas.

 

En resumen, Sortu y las Farc quieren recobrar su status político, su reconocimiento internacional, y su margen de maniobra político-militar creando un idílico momento de diálogo y reconciliación al que nadie, en sana lógica, debería oponerse, so pena de hacerse acreedor del abominable estigma de “enemigo consumado de la paz”.   +++


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