Polinotas


Hipo-oposición by torrijos
septiembre 7, 2010, 9:40 pm
Filed under: Ciencia Política y Gobierno, Relaciones Internacionales

Bogotá, martes, 7 de septiembre del 2,010

VICENTE TORRIJOS R.

Durante los últimos años, la izquierda colombiana navegó impulsada por el combustible del anti-uribismo.

En cierta forma, la oposición se convirtió en una fuerza reactiva, compulsiva y animada tan solo por un referente personal : el presidente Uribe.

Al salir Uribe de la escena, al menos físicamente, la oposición en general, y la izquierda en particular, han caído en el vacío, la atomización, el caos.

Frente a un estadista como Santos, el espíritu opositor-y-disidente no encuentra el rumbo, ya no puede personalizar la contienda y ha descubierto que la confrontación, así concebida, tiene un altísimo costo : el de la parálisis cerebral.

Dicho de otro modo, navegar en el mar del hiper-presidencialismo uribista fue muy cómodo.  No era necesario un corpus ideológico bien definido, las plataformas de gobierno resultaban irrelevantes y todo podía reducirse a la química de la polarización : “nosotros” y “los otros”.

Así que ahora, cuando por fuerza de las circunstancias se han visto obligados a moderar su uribefobia, los opositores, situados casi todos en el “centro” del espectro político, descubrieron, alarmados, que carecen de identidad, de hoja de ruta y de visión de futuro.

Con excepción de los comunistas, que siempre han tenido perfectamente claro su horizonte político, su convicción ideológica y el contexto histórico en el que se mueven, las demás tendencias se enzarzan en desgastantes polémicas internas que por lo mismo autodestructivas que son, no pueden abonarse a la siempre idealizada “construcción colectiva de un proyecto alternativo”.

O sea, que frente a un gobierno de Unidad Nacional integrador pero respetuoso de las diferencias, empeñado en acelerar las reformas, y deseoso de armonizar el vecindario sin hacerle ninguna concesión al terrorismo, las facciones que aún quieren llamarse “independientes” sólo pueden mostrar una pasmosa tendencia a la autofagia.

“Que yo no soy del partido Verde, pero aspiro a serlo”, que “no vamos a girar en torno a Petro y su Corriente Democrática”, que “yo no quiero ser candidato pero voy a serlo”, que “la alcaldía de Bogotá no es un premio de consolación, pero ya veremos”, que “mi esposa no será candidata pero lo haría maravillosamente”, que “con Garzón en la jefatura la unidad se desmorona”, que nadie quiere secundar a Mockus “pero no encuentran la manera de decírselo”, que “Peñaloza es tan solo un santista disfrazado”, etc.

En pocas palabras, una algarabía babeliana que, lejos de debilitar, consolida y perfecciona “el proyecto de derecha continuista que se apoderó del país”, de tal modo que después de tanto luchar contra el mencionado hiper-presidencialismo, el Polo y la Revolución Verde cayeron, por su propia soberbia, en la hipo-oposición, es decir, el desconcierto, el reduccionismo electoral y el extravío.   +++


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