Polinotas


El síndrome Betancur by torrijos
julio 16, 2010, 7:08 pm
Filed under: General

VICENTE TORRIJOS R.

Hasta hace poco, la literatura especializada en terrorismo sólo se refería a un padecimiento muy particular, el Síndrome de Estocolmo, aquel en que se generan ciertos vínculos afectivos entre victimario y rehén.

Pero a raíz de la conducta de una ex candidata presidencial colombiana, ahora tendrá que hablarse también del Síndrome Betancur.

A diferencia de la conducta exhibida por Patricia Hearst, esta nueva figura consiste en que el sujeto afectado desarrolla el fenómeno antes, durante y después del cautiverio.

Antes, porque se constata en el personaje una clara propensión al riesgo, una especie de coqueteo con el peligro, una exposición recurrente al foco de amenaza, de tal modo que aproximándose inquietantemente y de manera directa o indirecta al victimario, o al área geográfica donde los terroristas anidan, la víctima potencial parece desear la privación de la libertad a la que, dicho sea de paso, le atribuiría, en sus cálculos personales, ciertos beneficios para su posterior desempeño profesional.

Durante, porque una vez en cautiverio, la víctima tiende a comportarse de manera díscola y efervescente, adoptando un cierto liderazgo entre sus compañeros secuestrados (si los hubiere), cierta camaradería con los perpetradores y, por supuesto, variadas relaciones sentimentales con las que pretendería reforzar cada comportamiento manipulador.

En otras palabras, amoríos tanto con los captores como con sus compañeros de infortunio (o aventura) ; traición hacia los mencionados compañeros ; cooperación ideológica y discursiva con los captores ; emplazamiento y cuestionamiento a distancia de los gobiernos de turno que “no muestran ninguna inclinación humanitaria por lograr la liberación de las víctimas ilustres”, y hasta una cierta reserva y apatía hacia las Fuerzas Militares en caso de que ellas le hayan liberado porque le habrían restado sensacionalismo a una eventual liberación unilateral (concebida como ritual de iniciación de una gran causa política a escala nacional y global).

Y después del secuestro, porque, considerándose implícita o explícitamente, subjetiva u objetivamente como un símbolo (en este caso mediáticamente universalizado), el sujeto tiende a magnificar su potencial político o social llegando a mostrar conductas altisonantes, disfuncionales o desbordadas (como la de pedir indemnizaciones multimillonarias) que la ponen incluso en contra de las instituciones favoreciendo, así sea tangencialmente, a sus captores.

Unos captores a los que siempre seguirá sintiéndose románticamente ligada, en una especie de mezcla entre Peter Pan,  Robin Hood y Molotov.   +++


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