Polinotas


La miel del poder by torrijos

La miel del poder

 

VICENTE TORRIJOS R.

 

Durante toda esta década, pero ya desde mucho antes, Felipe Pérez Roque y Carlos Lage le sirvieron a Fidel, en Cuba, como fieles escuderos.

 

Protegieron su intimidad política, reforzaron la revolución y le dieron al Partido glorias que resultaban insospechadas en medio de la segunda postguerra fría.

 

Lage, en particular, superó con éxito no solo el consabido bloqueo a la isla sino que acomodó todas las piezas del periodo especial para que la apertura sectorial y selectiva desembocara en el nuevo sistema de cooperación socialista.

 

En el marco de la Alternativa Bolivariana para las Américas, la alianza con Chávez ha sido fundamental para sostener la revolución y ponerla en contacto activo y prometedor con China, Rusia e Irán.

 

Tarea en la que Felipe Pérez Roque ha sido el otro gran espadachín.  Los logros diplomáticos de Cuba son paradigmáticos en el estudio de las relaciones internacionales pues con tantas dificultades sucesivas, y tratándose de un régimen dictatorial, la isla genera entre muchos un innegable encanto mítico.

 

Encanto mítico que se refleja en abrumadores apoyos en la Asamblea General de la ONU, en la incorporación influyente en Unasur y hasta en la solicitud del Secretario General de la OEA para que La Habana sea recibida de nuevo en la Organización.

 

Pero Lage y Roque concentraron demasiado poder.  Eran muy populares, carismáticos, y resueltos activistas.  Contrastaban de lejos con la figura retraída y adaptativa de Raúl Castro.  Le estaban haciendo sombra.

 

Así que era necesario removerlos.  Egocéntrico y tele-dictador, Fidel no podía concebir que su hermano fuese señalado como el causante de todos esos males que él mismo venía denunciando desde finales de septiembre del año pasado cuando sostuvo, nada menos, que el país debía “reevaluarlo todo”, “buscar menos derroche”, combatir el robo y sancionar “sin tregua” a los causantes de tantos daños que han estado “dañando la revolución”.

 

Acusados de ambiciosos que se dejaron embadurnar de la miel del poder, el clarividente Fidel concluyó que “el enemigo se estaba haciendo ilusiones con ellos” y de un plumazo los pasó a la retaguardia, donde sumisos y apaciguados, ellos seguirán sirviendo, sin remedio, al bienamado régimen nepotista.

 

Nepotismo que ahora ya no tendrá tácitos desafíos sino que estará fielmente consolidado por diez o más generales anónimos y opacos en la cúpula, cuya media de edad llega, también de un plumazo, a los 75 años, como para no desentonar con el supremo conductor.   +++

 


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