Polinotas


La descomposición bolivariana (primera parte) by torrijos
julio 15, 2008, 3:51 pm
Filed under: Relaciones Internacionales

La descomposición bolivariana (primera parte)

 

VICENTE TORRIJOS R.

 

Hace unos meses el presidente Chávez se sentía en la gloria.  Su idea de una integración económica en América Latina parecía imparable.  Un banco, una red energética para el desarrollo local a lo largo de todo el continente, el equilibrio de la deuda externa entre sus socios principales, y hasta la propuesta de una moneda común.

 

Su idea de una integración cultural también avanzaba de manera apabullante.  Había clausurado al principal medio de comunicación opositor en su país, su modelo estaba siendo replicado por varios gobiernos simpatizantes, el canal de televisión Telesur progresaba aceleradamente y las ONGs y círculos bolivarianos se expandían rápidamente por los barrios de las grandes ciudades del continente.

 

Militarmente, su proyecto integracionista se alejaba definitivamente de los EE UU y, so pretexto de la guerra asimétrica que algún día tendrían que librar, los países simpatizantes se comprometían a fundar una alianza (con entrenamiento y mando coordinado) con la que, incluso, se llegó a advertirle a Colombia que debía respetar los derechos de Nicaragua en el Caribe.

 

La política exterior funcionaba armónicamente.  Había atraído a Irán, y a Rusia, y había logrado que su Alternativa para las Américas fuera acogida formal o informalmente por Dominica, Cuba, Nicaragua, Bolivia, Paraguay, Argentina y Ecuador, llegando a proponer una nueva OEA, pero sin la incómoda presencia de la Casa Blanca. 

 

Su animadversión hacia los EE UU le reportaba enorme popularidad interna.  La masa llegaba al paroxismo cuando su conductor enfilaba baterías contra el imperio y sus cachorros, o cuando llegaba a las Naciones Unidas para poner a prueba su olfato de sabueso detectando el azufre que sólo él percibía, y nadie más que él.

 

Y como si fuera poco, su revolución era un producto de exportación apetecido.  Giraba cheques en blanco para consejos comunales en Bolivia, para candidatos a alcalde en Nicaragua, y quería comprarle todo alimento disponible a los montoneros en el poder en Argentina, alegando que la carestía en su país obedecía a que los gobiernos dementes del mundo entero confiaban ahora más en los biocombustibles que en el petróleo.

 

Y en Colombia, la única pieza que no encajaba en el rompecabezas, había logrado convertirse en el mediador humanitario ideal poniendo a las Farc en el primer plano del reconocimiento político para vender la ilusión de que, en vez del belicismo uribista, una opción pacificadora podría llegar al Palacio de Nariño.   +++

 


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