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Bateragune
VICENTE TORRIJOS R.
‘Bateragune’ es una palabra del euskera, la lengua vasca, que significa ‘todos juntos’.
Pero también es el nombre que, según la Eta, debía identificar de ahora en adelante a su brazo político para tratar de influir significativamente en las elecciones municipales del 2011.
Unas elecciones clave, en términos nacionalistas, por cuanto la izquierda ‘abertzale’ (patrioterista) del País Vasco ha venido perdiendo la fuerza e influencia que tuvo durante los noventa cuando llegó, incluso, a promover una especie de asamblea constituyente de naturaleza local titulada ‘udalbiltza’, encargada de agitar la convivencia para generar una “base social de paz” aglutinante y arrolladora.
A los que vivimos enamorados de Euskadi, de su belleza natural, su cocina, su espontánea hospitalidad, y, cómo no, su exuberancia ideológica, nos sorprendía, hasta hace poco, la versatilidad política de Eta y la pasividad estatal que permitía, con pasmoso inmovilismo, que el nacionalismo leninista se apoderara de la sociedad vasca sumiéndola cotidianamente en el terror, la desconfianza y el chantaje (soberanista, independentista y auto determinador).
Bateragune, entonces, era la mejor idea concebida por la cúpula de la banda armada para recobrar la iniciativa política y tratar de liderar al nacionalismo (en su conjunto), sensiblemente afectado tras la derrota electoral reciente que llevó al poder al socialismo democrático.
Pero ya sin miedo, plantando cara, y dispuestas a dar batalla contra la revuelta callejera, la extorsión a las empresas, la intimidación en la cátedra, la permeabilidad fronteriza, y el control de los medios estatales de comunicación regional, tanto las fuerzas políticas que abominan la violencia, como los ciudadanos de bien, han resuelto ponerle fin a los tentáculos sociales y políticos que le daban aliento a las acciones terroristas.
Bajo el rótulo inspirador de la ‘Revolución de la Normalidad’, el nuevo presidente vasco, Francisco López, ha encabezado la recuperación de las libertades y la defensa del sistema democrático recobrando la estructura simbólica del poder (banderas, lemas, espacio público) y acompañando a la administración de justicia en la tarea de encarcelar a todo apologista del terror.
Con el apoyo decidido del presidente Sarkozy, a quien tampoco le tiembla el pulso para ordenarle a la policía que capture hasta el último etarra en territorio francés, la depuración ha comenzado, las fachadas partidistas se desmoronan y el terrorismo está siendo desenmascarado sin contemplación alguna. +++
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El ilusionista
VICENTE TORRIJOS R.
El canciller ecuatoriano, Fander Falconí jura y vuelve a jurar que su gobierno bolivariano obtuvo un triunfo rotundo sobre el colombiano en los últimos días.
Arrastrado por la necesidad de mostrar avances en sus recortadas gestiones, el Canciller presume que Colombia se vio obligada a firmar la declaración final de Bariloche arrastrada por la impecable lógica política del chavismo quiteño.
A su juicio, la Casa de Nariño se ha comprometido a respetar su versión de Suramérica como ‘zona de paz’, neutralizando, de paso, el uso de las bases militares compartidas con los norteamericanos porque desde ellas no se podrá emprender acciones armadas contra ningún país.
Alentado por esa “enésima vez” con que el presidente Uribe le ha pedido perdón por haber ejecutado la Operación Fénix, Falconí está que baila de la dicha porque, así las cosas, podría seguir haciéndole exigencias a nuestro buen ministro Bermúdez durante la cita que tendrán en las próximas semanas.
¿Si ellos ya han accedido a tantas cosas, se estará diciendo don Fander, cómo no van a satisfacernos también en eso de indemnizarnos, darnos a conocer los pormenores de la susodicha operación, dejar de vincularnos a las Farc y, lo mejor de todo, cómo no van a firmar unas garantías jurídicas de que jamás volverán a usar la fuerza a nivel extraterritorial amparándose en el derecho a la legítima defensa ?
Emocionado, además, porque varios medios de comunicación están mostrando a su gobierno como flexible, proclive al diálogo y más interesado que ninguno en la normalización, el presuntuoso Canciller estará frotándose las manos porque al fin podrá anunciarle al mundo que al estar Colombia debidamente sometida a sus condiciones, doblegada y dócil, se ha hecho merecedora a que Correa dé la orden de reanudar las relaciones.
Guiado también por los sabios consejos de sus aliados del Polo Democrático y de Colombianos por la Paz, Falconí podrá darse, paralelamente, a la tarea de montar ‘bases de paz’ en la frontera, rendir culto a los heroicos insurgentes de la guerra de liberación en Colombia, y cooperar con su líder natural, el comandante Chávez, en la tarea de intervenir en las elecciones presidenciales hasta donde sus fuerzas lo permitan con tal de lograr la paz y la reconciliación que los colombianos tanto anhelan. +++
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Nada que negociar
VICENTE TORRIJOS R.
Con desafiante altivez, los carteles mexicanos de la droga le han propuesto al presidente Calderón dialogar “para llegar a un consenso, a un pacto nacional”.
Inspirados, sin duda, en experiencias como la colombiana, donde todo se negocia y los presidentes andaban de arriba para abajo buscando interlocutores de todo pelambre con el fin de quitarse de encima el miedo al que los sometían narcotraficantes-y-guerrilleros, los cabecillas del cartel de “la familia michoacana”, o como se llame, advierten que “la violencia no va a parar” y que es imperativo negociar, cueste lo que cueste.
Semejante disparate, que solo busca –como acá en Colombia- obligar al Estado a acceder a sus pretensiones, se basa en la enorme capacidad generadora de violencia que ellos exhiben, y de la que hace parte un arsenal tan nutrido y sofisticado como el de Hamás o Hizbolá.
Pero se funda también en su sorprendente penetración social, con la que han logrado tejer un cordón comunal protector basado en fibras de solidaridad popular que ya quisieran tener algún día Alfonso Cano y el Mono Jojoy.
Y, como si fuera poco, hace camino también por sus conexiones internacionales, es decir, por los vínculos con organizaciones terroristas dedicadas al cultivo, control y procesamiento de la hoja de coca que, políticamente hablando, tienen florecientes contactos con varios gobiernos del vecindario.
Por fortuna, la respuesta del presidente Calderón ha sido inequívocamente tajante : nada de contemplaciones, nada de negociaciones. “El gobierno federal no dialoga, no pacta, ni negociará jamás con organización delictiva alguna”, ha sostenido el ministro del Interior, Fernando Gómez Mont.
Con 36 mil militares involucrados en el control del orden público, con el apoyo de la Alianza del Norte de la que hace parte, es decir, con el respaldo de Estados Unidos y Canadá, y con el acompañamiento decidido de las Fuerzas Armadas de los países libres de América, México derrotará tarde o temprano a ese cartel de “la familia”, así como a sus antagonistas, los carteles de Sinaloa y del Golfo.
Ciertamente, las drogas no dejarán de existir, pero los criminales y los terroristas saben muy bien que si no se someten ahora a la justicia, el único futuro que les es espera es el que tuvieron Ernesto Guevara, Camilo Torres, Pablo Escobar y Raúl Reyes. +++
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Malambo, Palanquero, Apiay, Tolemaida, Málaga y Larandia
VICENTE TORRIJOS R.
Con preocupante sabor antipatriótico, todavía hay quienes se angustian y se desaforan porque a Hugo Chávez le puede parecer hostil el acuerdo colombo-norteamericano sobre el uso de las bases de Malambo, Palanquero y Apiay.
En efecto, el fortalecimiento de nuestra soberanía, el incremento de capacidades operativas, la cooperación militar de máxima tecnología con las principales potencias occidentales, y la lucha a fondo contra las drogas y el terrorismo de todo pelambre (ampárese donde se ampare), tiene con los pelos de punta a mucha gente, empezando, claro está, por los líderes y socios del expansionismo bolivariano.
Al ya inquebrantable dique que Colombia ha sido desde el 2002 para sus obsesivas apetencias revolucionarias de estirpe bananero, Chávez, Morales, Correa y Ortega (lo siento por ti, Zelaya), tienen que agregar ahora la enorme ventaja comparativa y competitiva que adquiere el país para contener, disuadir, prevenir y anticiparse a los objetivos de la Alianza Bolivariana (y sus corresponsales locales, es decir, las Farc y su brazo político de promotores y favorecedores).
De hecho, en su doctrina de transformación estratégica selectiva, Colombia adquiere hoy (con los muchos o pocos afectos del partido Demócrata) una formidable dotación y recursos que, sumados a su ya mundialmente reconocida habilidad y competencia en la planeación y ejecución de acciones contraterroristas, la convierten en punta de lanza continental para recuperar a las Américas de la nefasta influencia del socialismo del siglo xxi, cada vez más cuestionado por los ciudadanos de sus propios países (léase Honduras, o Nicaragua).
Valga recordar, para no ir muy lejos, que el ánimo injerencista de Hugo Chávez le ha llevado a hablar de enviar a tropas a Bolivia para garantizar la perpetuidad de Morales ; de lanzar a sus fuerzas combinadas sobre Tegucigalpa para restituir a Zelaya, y de bombardear La Candelaria con sus aviones Sukhoi si al presidente Uribe se le ocurriese reeditar la Operación Fénix en territorio venezolano.
Así que ahora tendrá que pensárselo muy bien antes de seguir apoyando a sus portavoces locales, o si se le antoja alguna aventura militar sobre Colombia inspirada en su consabida paranoia. Sobre todo, cuando sepa que no se trata solo de Malambo, Apiay y Palanquero, sino también de Tolemaida, Málaga y Larandia, ésta última en el Caquetá, muy cerca de Angostura, donde, para su tristeza infinita, cayó abatido el cabecilla Raúl Reyes. +++
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Sumamente tristes
VICENTE TORRIJOS R.
Son tres los sectores que deben estar absolutamente deprimidos con el acuerdo a que han llegado Colombia y Brasil para facilitarse todo, hasta el territorio mismo, a fin de luchar contra el terrorismo.
Primero, claro, los izquierdistas radicales de Brasil, como el Movimiento de los Sin Tierra, que no entienden cómo su camarada Lula da Silva ha llegado al extremo de cooperar con un presidente del perfil de Alvaro Uribe mientras ellos se ven obligados a seguir luchando contra el imperialismo, la extrema derecha y los terratenientes del Brasil como si nada hubiera pasado durante estos dos periodos de gobierno del flamante Partido de los Trabajadores.
Segundo, el presidente Hugo Chávez y sus camaradas de la Coordinadora Continental Bolivariana que no dan crédito a sus ojos al constatar cómo el gobierno emblemático de la izquierda continental ignora su llamado a reconocer la beligerancia de las Farc y opta, más bien, por “recibirlas a bala” en caso de que ingresen a Brasil, tal como lo está diciendo una y otra vez el ministro de Defensa, Nelson Jobim.
Y tercero, las propias Farc, obviamente, que no aciertan a entender de dónde acá su antiguo compañero de lucha, el activista y agitador sindical Lula da Silva, con el que tantas aventuras intelectuales compartieron, resolvió facilitarle a la Casa de Nariño radares, aeropuertos, bases militares, navegación y territorio para luchar frontalmente contra el terrorismo y las drogas.
A ninguno de los tres les cabe en la cabeza que después de tanto desgaste diplomático, mediático y subterráneo, el Consejo Sudamericano de Defensa no haya podido conformar una fuerza de pronta intervención puesta al servicio del eje Managua-Caracas-Quito, y Lula, sin miramiento alguno, les haya plantado cara negociando de la noche a la mañana con Juan Manuel Santos lo que, viéndolo bien, es el embrión de un verdadero ejército panamericano que desde ya está comenzando a desarrollar operaciones combinadas para enfrentarse a la amenaza global más preocupante de todas.
O sea, que tienen toda la razón al estar tan deprimidos. Con semejante actitud, Lula y Jobim han desenmascarado a Ortega, a Correa, a Maduro, a Larrea, a Sandoval, a Chacín y a todos los demás miembros del redil, demostrando con absoluta nitidez que la legítima defensa ampliada no es una invención estratégica de Washington, Tel Aviv y Bogotá, sino que es un derecho ante el cual no queda otro remedio que cooperar, cooperar y cooperar, so pena, por supuesto, de caer, directa o indirectamente, en complicidad con el terrorismo a nivel regional y global. +++
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Pretexto humanitario VICENTE TORRIJOS R. Mucha gente anda muy, pero muy compungida últimamente por la masacre de los 7 (¿ ó 27 ?) indígenas Awá. Tal como sucedió con los diputados del Valle, esa gente habría preferido que las Farc no se hubieran visto obligadas a reconocer la autoría del crimen. En su imaginario político, lo deseable hubiese sido que la noticia cayera en el torrente informativo y desapareciera prontamente de la agenda pública. En ese sentido, les hubiera encantado que campeara la sospecha y que los colombianos y el mundo siguieran manejando hipótesis como aquella de que los Awá eran “informantes del Ejército”. Pero las cosas no resultaron de tal forma. En un acto del más depurado ímpetu, arrojo y coraje revolucionario, las Farc decidieron atribuirse el hecho para dejar claro que no son una agrupación de melindrosos. Que, por el contrario, se trata de una poderosa, osada y visionaria organización político-militar que sabe hacer uso selectivo de la fuerza con calculado sentido estratégico sobre la población díscola, indecisa o resistente. Sin embargo, ya digo que quienes andan tan compungidos con la masacre hubiesen preferido un escenario mediático distinto. En su lógica de acción- revolucionaria-no-armada, hubieran querido que el único enemigo de los indígenas en este país “siguiera siendo el presidente Uribe”. Con toda la razón, ellos tienden a pensar que esta (nueva) masacre de las Farc es un obstáculo para lograr, como tantas veces se ha logrado con el Eln, sendos acuerdos humanitarios que dulcifiquen el, así llamado, conflicto armado interno. Pero, a renglón seguido, se apresuran a sostener que no se trata de obstáculos insalvables sino de simples errores tácticos de la guerrilla, de fallas de apreciación política, de disfunciones revolucionarias que, ellos, preclaros exponentes del pensamiento bolivariano, se encargarán de corregir. Con esa fría y calculadora concepción de la violencia como instrumento político, agregan que, en todo caso, tales obstáculos, lejos de desanimar, deben alentar el diálogo entre las partes, insinuando que en cuestiones indígenas ellos son los verdaderos discípulos amados de Bartolomé de las Casas. Alegan, como si fuese un dogma, que los conflictos solo se resuelven a través del diálogo, ignorando, muy deliberadamente, que ese es también un instrumento de lucha astuta y rentablemente utilizado por más de un terrorista para avanzar cualitativamente hacia su revolución glorificada. En definitiva, hay mucha gente compungida con la masacre. ¿Pero acaso no es de masacre en masacre como las Farc se han ganado una silla en la mesa de “el diálogo”, y no es a través de ese diálogo como alcanzaron alguna vez el éxtasis político y territorial a nivel nacional e internacional ? +++
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Las guerrillas de Chávez
VICENTE TORRIJOS R.
Mucha gente, sobre todo en la Francia que negocia acuerdos nucleares con el palacio de Miraflores, o en los países nórdicos, sigue pensando que es posible negociar con unas Farc flexibles y conciliadoras, y se niega a creer que entre ellas y el régimen bolivariano sigue habiendo una estrecha relación ideológica y programática.
En otras palabras, toda esa gente, embargada por un anacrónico romanticismo revolucionario, prefiere seguir pensando con el deseo en vez de creerle al propio Alfonso Cano, insisto, al propio comandante en jefe de las Farc, cuando sostiene que uno de sus principios estratégicos será el de fortalecer al máximo las relaciones (diplomáticas) con los gobiernos amigos.
Porque si algo ha identificado a Cano y a su cúpula es, precisamente, la coherencia en el planeamiento estratégico, independientemente de que los resultados vayan en contravía.
Y esa coherencia es la que permite sostener que, más allá de vacacionar y tomar aire fresco, algún papel tienen que estar cumpliendo en territorio chavista las huestes de las Farc que allá residen.
Para ponerlo en términos más claros, al ex congresista opositor venezolano César Pérez Vives también hay que creerle, es decir, hay que darle por lo menos la misma credibilidad que a Alfonso Cano.
Y cuando Pérez Vives afirma que en las inmediaciones de la reserva forestal Tapo-Caparo las Farc y los asesores cubanos están entrenando a milicianos chavistas en técnicas, tácticas y procedimientos guerrilleros (para fortalecer las ventajas que la asimetría estratégica le confiere al régimen) no está alucinando ni pintando pajaritos en el aire.
El propio Gerardo Luna, alcalde chavista del municipio Panamericano, donde se concentran los milicianos, ha tenido que admitir lo que salta a simple vista : que allá hay entrenadores cubanos, pero que, claro, se dedican a “fomentar el servicio comunitario”, como si uno no supiera lo que semejante etiqueta traduce en los sistemas autoritarios y expansionistas.
Dejándolo bien claro, lo que hay en Tapo-Caparo no es más que un pequeño ejemplo de la bien lubricada alianza de la Triple C, Chávez, Castro y Cano : entrenamiento de células en guerra de guerrillas, adoctrinamiento ideológico y entrenamiento para entrenadores que luego saldrán a recorrer América Latina propagando la revolución y preparándola para resistir la invasión imperialista ordenada por el presidente McCain, o por el presidente Obama ( ¡ que para el efecto da lo mismo ! ). +++
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La Guerra Fría ya pasó.
Por Enver Torregroza
El hecho de que el gobierno ruso haya puesto en aprietos a la comunidad internacional con sus acciones militares en Georgia no implica que estemos asistiendo a una reconfiguración de la escena internacional en los mismos términos y con los mismos actores de la Guerra Fría. Rusia sigue teniendo poder gracias a sus recursos energéticos, a su posición geoestratégica y a su armamento nuclear, pero es un poder debilitado o al menos más limitado y contenido en comparación con el que tenía la antigua Unión Soviética. El escenario y los actores han cambiado: potencias emergentes de mediano tamaño, el fortalecimiento de Europa y la cada vez más evidente influencia de las grandes empresas privadas legales e ilegales, nos debe hacer pensar que no estamos en un mundo realmente polarizado en el que bloques claramente diferenciados se disputan el resto del pastel. Antes bien, cada Estado juega el juego que puede con las armas y los recursos de los que dispone con el fin de obtener ganancias equilibradas en un escenario de libre competencia. Juego que suele ser un doble o triple juego: somos amigos de todos cuando y hasta donde nos conviene. Para convertirse en un corredor de recursos energéticos que lleve el gas a Europa, y que en el futuro le permita a Europa no depender tanto de Rusia, Turquía se interesa en entablar conversaciones con Irán, así a Israel no le sienta bien semejante gesto. Pakistán lleva tiempo coqueteando con China con el fin de fortalecer su economía, y a Colombia no le importa sonreírle a Venezuela siempre y cuando fluyan los dólares del petróleo. Pero, al mismo tiempo, Turquía sigue siendo pieza clave en el juego de la OTAN, a la vez que Pakistán y Colombia no renuncian fácilmente a sus compromisos con Estados Unidos. Las dos grandes potencias de la Guerra Fría siguen siendo influyentes y mantienen un amplio campo de acción, pero cada vez está más limitado gracias a los poderes estatales regionales y los poderes no estatales de presencia global.
Por supuesto, los efectos y ecos de la Guerra Fría no se han agotado y quizás no se agoten en mucho tiempo. Sobre todo en la mente de muchos latinoamericanos que todavía creen que están en 1968. Rusia le está vendiendo armas al que puede: razones obviamente económicas la impulsan a ello. Estados Unidos se empeña por mantener su influencia en los espacios de control geopolítico que aún le quedan, pues está perdiendo el poder que logró gracias a su victoria en la Segunda Guerra Mundial. Más que ser una realidad, la “nueva” guerra fría habita en la cabeza de muchos colombianos y venezolanos. Alimentada por la polarización de esquemas discursivos y categorías creadas por la Guerra Fría, y nutrida por la paranoia chavista y uribista, la supuesta división del continente en dos bloques que reciben el apoyo de las potencias de siempre es efectiva hasta donde las necesidades económicas y verdaderamente políticas lo permitan; necesidades que no obedecen a mitos ni a discursos. Lo que habrá que ver es hasta que punto esa reunión de “fuerzas” latinoamericanas para oponerse a los Estados Unidos, en una especie de resaca colectiva producto de la impotencia de la región frente a la Doctrina Monroe, logra justamente provocar lo que denuncia: convertir a punta de discurso y de ambición política a Latinoamérica en un escenario de competencia entre otras potencias, en el que ellas ponen las ganancias y la astucia y nosotros la estupidez y lo muertos.
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¿Imperio? ¿Cuál imperio?
VICENTE TORRIJOS R.
Comunista, o no comunista, los rusos siempre querrán ser un imperio. Pero una cosa es pensar con el deseo y otra es convertir el deseo en realidad.
Cuando Vladimir Putin pronuncia a comienzos de año su discurso de Munich lo deja claro : Rusia reconstruirá el imperio perdido. Pero una cosa es decir, vociferar, y parlotear, y otra muy distinta es pasar de las palabras a los hechos.
Cuando Dimitri Medvedev ordena a sus tropas avanzar sobre Georgia, sienta un precedente : Rusia predominará en sus áreas de influencia. Pero una cosa es enviar tanques de guerra al altillo de la casa, y otra muy distinta es influir directamente en la suerte de la plaza central del pueblo, o la alcaldía.
Dicho de otro modo, el delirio imperial de los rusos no pasa de ser una expresión desencajada del agobio al que ellos se sienten sometidos por el avance imparable de los ánimos libertarios y la democratización.
Esos días gloriosos en los que decidían el destino de Angola, o Namibia ; de Siria y Libia ; de Cuba, Camboya y el Congo, han quedado tan adentro en el cajón de la historia que ahora a duras penas pueden esgrimir el irredentismo aspirando a que Osetia sea una sola.
Cuando el canciller Gromyko se sentaba a darle vueltas al planisferio para encontrar nuevas rutas, áreas de incumbencia, escenarios de proyección del interés nacional, alianzas perdurables, se sentaba en serio frente al Globo Terráqueo.
Hoy, en cambio, Vladimir y Dimitri se sientan frente a planos enmohecidos y rasgados para tratar de adivinar cómo impedir que Ucrania, Georgia, Estonia, Lituania, Estonia, o Polonia terminen consumiendo a su país.
En tiempos del zar Alejandro, la Santa Alianza tenía una vocación y un horizonte ideológico que le guiaba en su delirio imperial contra la naciente revolución democrática de nuestra América.
Asimismo, en tiempos de Dobrynin, Breznev y Chernenko, los rusos les ofrecían a los miserables trabajadores italianos, o franceses, la utopía comunista con cierto valor agregado.
Pero hoy, cuando la Iglesia Ortodoxa a duras penas logra darle ánimo en sus escaramuzas, y cuando la única ideología que Moscú puede exhibir es la de un capitalismo acordonado por la mafia, ¿a qué imperio puede aspirar el Kremlin, más allá del histriónico folclorismo estratégico de Hugo Chávez y Daniel Ortega? +++
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