Polinotas


Nuevas travesuras de Daniel

Nuevas travesuras de Daniel

VICENTE TORRIJOS R.

Como hay intentos de reelección limpios y libres, y otros que no lo son, ahora don Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, nos está poniendo en una situación muy similar a la que terminó con la salida del poder de su desdichado correligionario de Honduras.

De acuerdo con la meta de permanecer en el poder a toda costa que se han trazado los acólitos de Chávez en el hemisferio, Daniel trató de reformar en el Congreso el artículo 147 que desde hace quince años prohíbe la reelección en esos lares, pero no pudo.

Le fallaron los cálculos y a última hora no logró los 56 votos necesarios. Entonces, trató de modificar la Ley del Poder Judicial para imponer un quórum a su medida en la Corte Suprema de Justicia a fin de acabar con el 147, pero tampoco pudo. Visiblemente exasperado por tanto contratiempo, Daniel recordó sus tiempos de guerrillero ansioso por apoderarse de San Andrés y Providencia, y les tendió una emboscada a los magistrados liberales de la Sala Constitucional de la Corte.

Ingenuos magistrados que al no haber sido oportunamente convocados a sesionar, ni siquiera se enteraron de que fueron reemplazados por los sandinistas de turno que, ni cortos ni perezosos, tumbaron el artículo y se lo entregaron al jefe como trofeo de guerra. Seguro de superar por 8 a 7 a sus opositores en la plenaria de la Corte, Daniel ya ni siquiera se molesta en preguntarse si debe someter a su consideración esta maniobra y da por hecho que será reelegido por las huestes rojinegras que harán todo (repito : todo) lo que esté a su alcance para que el sumo comandante permanezca en el poder para gloria y honra de la revolución bolivariana.

Acongojados, en todo caso, por haber perdido irremediablemente a Honduras, Ortega y sus secuaces ven la reelección como un requisito indispensable para lanzar desde las tierras de Sandino una escalada sobre Tegucigalpa y acaban de decir que “el movimiento de resistencia se está armando”, coincidiendo a la perfección con los llamados de Zelaya a la insurrección y la violencia.

Así que mientras la democracia y la libertad se preparan para librar esta nueva y apasionante batalla contra el autoritarismo represivo y expansionista en Centroamérica (que se nutre con el mutismo de Lula, Insulza o Bachelet), los nueve gobiernos del Alba se abrazan, se solazan y … “felicitan al pueblo nicaragüense por la consolidación permanente de su sistema político democrático y participativo”. +++



360 grados

360 grados

 VICENTE TORRIJOS R.

 Últimamente, el presidente boliviano, Evo Morales, está sumamente alarmado.  Se puso a analizar el panorama político latinoamericano y llegó a conclusiones que lo atormentan y deprimen no sólo a él, sino a todos sus colegas de la Alianza.

 Tras varios años en el poder, que seguramente se duplicarán en diciembre porque los votos que obtendrá en la mitad del país bajo su control le mantendrán en el poder a pesar de la fractura geo-política en que vive el Estado, Evo ha podido constatar que va a quedarse íngrimo y más desvalido que nunca en el vecindario.

 “¿Qué pasaría”, comentaba, visiblemente sofocado, “si los pinochetistas ganan las elecciones de fin de año en Chile ?”

 Y agregaba : “¿Qué pasaría si la derecha fascista y racista vuelve al poder en Argentina ?”

 Maestro en entremeterse en asuntos ajenos, el exultante presidente de (media) Bolivia no acierta a comprender que América Latina está dándole una vuelta completa a la tuerca democrática y que, día tras día, irá asfixiando cada vez más a la revolución bolivariana.

 Aunque se vio obligado a pedir disculpas por esos insultantes términos utilizados al referirse a las fuerzas políticas argentinas y chilenas que van a llegar al poder, lo cierto es que Evo hizo visibles los grandes temores que, tras la liberación de Honduras,  asaltan por igual a Hugo, Daniel y Rafael.

 “Somos vecinos de estos países”, acotaba, “y eso me preocupa bastante porque significa que el imperio nos está rodeando”.

 Será el imperio de la democracia, en cualquier caso, porque en su recortada reflexión política, Morales olvidaba que el mismo fenómeno de Chile y Argentina se va a dar en Brasil, Perú y Colombia, con lo cual, sus temores, en vez de disiparse, irán multiplicándose hasta que la paranoia lo devore.

 En otras palabras, el proyecto alternativo que con tanto esfuerzo estaba construyendo la Alianza Bolivariana y el Partido de los Trabajadores, está quedándose sin aire, atrapado por el populismo, el despilfarro, la carestía, el armamentismo y las egolatrías (ideológicas y étnicas).

 “Debemos estar preparados”, berreaba, finalmente, Morales, al descubrir que muy pronto, y de manera irremediable, se va a quedar sin el escudo matriarcal de Cristina y de Michelle, rodeado, nada menos, que por Piñera, Macri, Serra y Castañeda, a quienes no les temblará el pulso para ponerle freno y dique al aventurerismo revolucionario del ‘socialismo unificado’.   +++



Lula vrs. Micheletti

Lula vrs. Micheletti

VICENTE TORRIJOS R.

El asunto es vergonzosamente simple. Tras haber fracasado dos veces en su intentona de reinstalar a Zelaya en el poder a cualquier precio, Chávez le habría pedido a sus secuaces del Frente Farabundo Martí, en El Salvador, que lo ayudaran a llegar a Tegucigalpa, donde la embajada de Lula estaría esperándolo con los brazos abiertos.

Una vez adentro, el veleidoso canciller Amorim facilitaría toda la tarea puesto que, ansioso como está por demostrar que ‘su’ Brasil es todopoderoso en el concierto hemisférico, Lula se iría a duelo contra el presidente Micheletti hasta deponerlo y restituir en el poder al camarada Mel.

Aceptado como ‘huésped oficial’ en la embajada brasilera, Zelaya comenzó a desarrollar punto por punto el libreto consistente en estimular la insurrección, llamar al levantamiento armado, montar un gobierno paralelo reconocido por tres o cuatro embajadas de poco pelambre, y arrastrar a la población, gracias al Telesur de Chávez, a lanzarse sobre el palacio presidencial y derrocar a Micheletti.

Pero sus proclamas incendiarias, que violaban flagrantemente las convenciones internacionales relativas al ‘hospedaje’, o al asilo, jamás surtieron el efecto esperado. Tras haber querido convertir en pocos días a Brasil en garante del equilibrio de poder en las Américas, mediador natural, y árbitro de controversias, ahora Lula da Silva se convertía en interventor descarado, imponedor del orden interno hondureño y, lo que es peor aún, en sitiador de un país soberano al que no le quedó más remedio que declarar, precisamente, el estado de sitio, o sea, el estado de excepción, para enfrentar la agresiva intervención en sus asuntos internos.

O sea que, dando una lección de refinada y contundente diplomacia, el gobierno transicional de Honduras muy pronto tomó la iniciativa para desenmascarar a da Silva. Le conminó a definir el status de Zelaya, rompió relaciones con Brasilia, le recordó a Itamaraty que en sólo diez días perdería toda inmunidad, y obligó al recién desempacado Lineu Pupo de Paula a llamarle la atención al desaforado subversivo del Zelaya que seguía vociferando desde la embajada para que su pueblo se armara (‘pacíficamente’) contra Micheletti.

Ante la proclama de Zelaya, “Patria, Muerte o Restitución’, Micheletti impuso claramente su criterio : “Patria, Exilio o Cárcel”, obligando, incluso, al canciller Amorim, a decir desde Brasilia que no tenía nada que hacer ante el impecable manejo del gobierno hondureño pues “enviar tropas a defender la Embajada sólo era viable en el marco de una declaratoria de guerra”.

Aunque tarde, el gobierno del presidente Obama finalmente se decidió a calificar de “irresponsable” toda esta farsa diplomática motivada por las ínfulas de Lula y sus correligionarios que, a lo largo de toda esta crisis, no sólo han perdido el duelo, el pulso y el prestigio, sino algo prácticamente irrecuperable : la mismísima razón. +++



Telaraña

Telaraña

 VICENTE TORRIJOS R.

 Ha llegado la hora de ser conscientes de varias cosas.  Primero que todo, a Chávez se le ha ocurrido crear lo que en sus propias palabras es un “Plan Político” para nuestro país.

 Ese Plan Político consiste en convertir “la paz de Colombia en una política de Estado para Venezuela”.  Habrase visto.

 Semejante política de Estado se basa en múltiples iniciativas, pero ante todo en “operaciones informativas” (desde anuncios en los diarios hasta agitación de todo tipo) para “liberar a los colombianos de la oligarquía criolla y del yugo norteamericano”.

 Como se sobreentiende, liberar significa financiar, promover y estimular justamente eso : movimientos de liberación de todo tipo y que combinen todas las formas de lucha. 

 Ese movimiento de liberación estará fundado en “la red de amigos de la revolución bolivariana, que en Colombia son muchos”. 

 Red de amigos (muy influyentes unos, peones de brega otros) que, como es apenas obvio, tendrán que estar bien financiados para que lideren opinión, emprendan campañas electorales, contagien a todos los sectores de la sociedad y del Estado, y se extiendan transversalmente como una gran coalición antiuribista de la que puedan hacer parte también organizaciones como las Farc y el Eln, en tanto actores clave “del intercambio humanitario, la solución negociada del conflicto, la reconciliación y la paz”.

 Red de amigos que, por supuesto, tendrá que estar apoyada desde afuera por los gobiernos de la Confederación Bolivariana, gobiernos que harán también su aporte a la desestabilización del régimen pro-imperialista montando “bases de paz” en las fronteras, convocando a disparatados “referendos continentales” en contra de la presencia yanqui en Colombia, y emplazando al Gobierno Nacional por haberse convertido en “la principal amenaza” para los destinos de la región.

 Desestabilización que comenzó hace tiempo con el amparo y la promoción del terrorismo pero que ha de continuar ahora mediante la deslegitimación de la cooperación militar con los Estados Unidos, la exigencia de “garantías jurídicas” de que Colombia no emprenderá acciones de legítima defensa anticipada, y el enjuiciamiento al país como parte de un “contencioso” con Ecuador y Venezuela, tal como lo llama el imaginativo asesor de Lula, Marco Aurelio García.

 Se trata, pues, de una ingeniosa escalada de intervencionismo expansionista y conspirador que se estrella, claro está, con el formidable aparato estratégico colombiano cuyo pensamiento, ejecución y proyección ha superado y supera, con mucho, las desesperadas maniobras del Coronel y sus secuaces.   +++



Complicidad y complacencia

Complicidad y complacencia

VICENTE TORRIJOS R.

Entrevista concedida al diario La Tercera, de Santiago de Chile.

 

¿Cómo evalúa usted la gira del Presidente Uribe : tuvo resultados positivos o negativos ?

La gira fue absolutamente tardìa e improvisada, pero tambièn era imperiosamente necesaria.  Tardìa, porque el gobierno colombiano dejò un vacìo diplomàtico que Chàvez llenò de inmediato cuando puso de su lado a Lula da Silva y Bachelet con el fin de pedirle explicaciones a Uribe acerca del acuerdo de cooperaciòn militar con los EE UU.

Por otra parte, la gira será completamente inútil si no tiene continuidad, es decir, si el gobierno colombiano no se decide de una vez por todas a enfrentar a fondo esta amenaza, sin descartar ninguna opción, y en todos los escenarios : Oea y Grupo de Rìo, pero, principalmente, Corte Penal Internacional y Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

¿Cómo afecta a Colombia este acuerdo con EE UU respecto a su relación con la región ?

Colombia y EE UU se sienten ahora mutuamente respaldados para contener y disuadir a Chàvez de emprender cualquier aventura militar y le están poniendo lìmites contundentes a su complacencia con el narcoterrorismo de las Farc y el Eln. 

En otras palabras, se trata de un señal inequìvoca de que Colombia no tolerarà la intromisiòn de la Alianza Bolivariana en sus asuntos internos y de que apelarà, ahora con mejores herramientas y cuando lo estime oportuno, al principio de legìtima defensa ampliada con el fin de perseguir a los terroristas, especialmente a aquellos que estàn gozando de refugio por parte de gobiernos còmplices del vecindario.

¿Qué piensa de los dichos de Chávez de que el acuerdo podría generar una guerra en la región ?

El ciudadano común, tanto en Colombia como en Venezuela, ya es plenamente consciente de la complicidad de Chávez con las Farc.  Esa connivencia es, de hecho, un acto de agresiòn contra la poblaciòn colombiana, y Colombia tiene todo el derecho a rechazar las agresiones, tanto las inminentes como las no inminentes. 

Dicho de otro modo, Colombia y los Estados Unidos, con el apoyo de los paìses libres de Amèrica, estàn librando una guerra contra el narcoterrorismo, y lo mejor que podrìan hacer los presidentes Chàvez, Ortega, Correa y Morales es sumarse a ese noble propòsito colectivo.

Porque si ellos se sienten amenazados cuando Colombia y los Estados Unidos persiguen a las Farc, o al Eln, la conclusión es muy simple : las Farc y el Eln son socios no-gubernamentales de la Alianza Bolivariana.   +++



Obama en la cuerda floja

Obama en la cuerda floja

 VICENTE TORRIJOS R.

 Con el mismo ímpetu con que ha querido salvar a la General Motors, reformar el sistema de salud, reducir los gases contaminantes y reducir la perniciosa dependencia del petróleo, el presidente norteamericano quiere restablecer el equilibrio de poder en el mundo y ser el fiel de la balanza universal.

 

Pero el globo funciona de manera distinta y, tal vez, el Presidente está avanzando en su política exterior cobijado por una confusión conceptual y un enfoque difícil de sostener por mucho tiempo.

 

Me explico.  Cuando terminó la Primera Guerra Mundial, los Estados Unidos se aislaron durante varios años y dejaron en manos de sus socios europeos el control del orden en el Viejo Mundo con la mala fortuna de que ni los británicos ni los franceses fueron capaces de contener la industrialización, militarismo y expansión de la Alemania nazi.

 

Así que cuando ellos, los nazis, concentraron suficiente poder, el equilibrio de poder ya era imposible de lograr y solo se podía detener el apetito despótico, racista e invasor de Adolfo y sus secuaces con el uso de drásticas medidas de fuerza que ni Londres ni París podían imponer, tal como se hizo patente en la desastrosa conferencia de Munich.

 

 Y eso es justamente lo que está sucediendo ahora.  Al terminar la Guerra Fría, Bill Clinton perdió la hermosa oportunidad de instaurar un sistema global de equilibrio de poder, de tal suerte que, a estas alturas, cuando muchos de los enemigos de la democracia y la libertad se han instalado, enquistado y fortalecido, ya es demasiado tarde para que los Estados Unidos traten de reeducarlos, apaciguarlos y contenerlos.

 

De hecho, cuando Obama graba un vídeo amable y afectuoso y se lo transmite a Irán, la única respuesta que obtiene es un fraude electoral, matanza en las calles y la máxima amenaza nuclear para después de noviembre. 

 

De Corea solo ha recibido amenazas de que un misil experimental podría llegar hasta su querida Hawai. 

 

De Cuba ha tenido que soportar un portazo en la nariz ante su gentil invitación para reingresar a la Oea. 

 

De la cálida acogida al presidente Correa solo ha recibido amenazas de acabar con la precaria libertad de prensa. 

 

Y si no se hubiera apurado un poco a respaldar la (inexistente) democracia hondureña, ahora el noble y benevolente presidente Obama tendría a las tropas chavistas de la Alianza Bolivariana en Centroamérica defendiendo a don Manuel Zelaya.   +++



Irán y Mousavi
Julio 15, 2009, 9:06 pm
Archivado en: En la actualidad

Por Enver J. Torregroza L.

Los acontecimientos del último mes en Irán tuvieron asombrados a muchos observadores externos hasta que todo el mundo se olvidó rápidamente del asunto gracias a la crisis hondureña y a la intempestiva muerte del rey del pop. Pero cuando todavía estaba vivo en los medios el tema de Irán, algunos afirmaron que desde 1979, año de la revolución islámica, no se había visto una agitación popular semejante en las calles de Teherán. Pero semejante comparación no deja de ser tendenciosa o al menos provocadora, puesto que sugiere, consciente o inconcientemente, que Irán está hoy ad portas de una “revolución” política, lo que es completamente falso. Muchos extranjeros, y algunos iraníes incluso, abrigan en su corazón el deseo de que el régimen islámico fundado por el Ayatolá Jomeini se quiebre y quizás por eso interpretan las multitudinarias marchas como un síntoma de tiempos de cambio. Una transformación que sería necesaria en virtud de la supuesta rigidez de la política exterior iraní, de sus peligrosos compromisos con grupos extremistas islámicos de otros países, y de la ausencia de suficientes y satisfactorias libertades para aquellos acostumbrados al modus vivendi de naciones occidentales no islámicas. Sumado a esta imagen negativa, Irán ha aparecido durante los últimos meses en los medios de amplia divulgación como un único bloque unificado representado por el discurso de su actual presidente Mahmoud Ahmadinejad, quien no genera muchas simpatías fuera de su país, con excepción de ciertos amigos latinoamericanos que parecen empeorar su imagen en vez de mejorarla. La imagen de Irán que se ha ido construyendo en los medios recuerda en algunos aspectos la que tenía al final de la Guerra Fría en los años 80: un país supuestamente aislado de las grandes tendencias mundiales que representaría una seria amenaza de inestabilidad debido a su posición geoestratégica y a su particular y poco comprendido régimen político, lo que ahora se suma al desarrollo de un programa de energía nuclear que no cae muy bien en una región conflictiva.

Antes de las elecciones presidenciales, los medios internacionales se limitaron a mencionar muy brevemente la posibilidad de que un candidato reformista llegara a la presidencia dándose con ello, en ese hipotético caso, un giro interesante en las relaciones de la nación persa con “el resto del mundo”. En contraste, ha sido desbordado el despliegue noticioso otorgado a las manifestaciones callejeras de protesta de la última semana, generadas en principio por la forma como fueron publicados los resultados de las elecciones, pero también por la rabia y el cansancio que produjo la reelección de Ahmadinejad entre los seguidores del principal candidato opositor Mir Hossein Mousavi. Por ello, las expectativas actuales sobre lo que está ocurriendo al interior de Irán no dejan de ser exageradas, teniendo en cuenta que son también el producto de la forma como la información de transmite y divulga. Las especulaciones sobre una posible transformación profunda del régimen iraní producto de las protestas de una parte de la población que no es la mayoría y de la desobediencia civil de Mousavi, uno de los líderes tradicionales de la revolución islámica y quien fue ministro durante la guerra contra Irak en los 80, obedece más a la perspectiva de quienes elaboran las noticias en las grandes agencias “internacionales”, que al verdadero peso político interno de los opositores al gobierno de turno. La división política al interior de Irán no es producto de los acontecimientos recientes y tiene su origen en la división social que caracteriza al país desde antes de la revolución islámica: un país urbano pro-occidental que asume su condición aria, unido gracias al Islam chií, al ejército y al petróleo, a un país más pobre, fronterizo o rural y multiétnico.

No cabe duda de que estar en el poder siendo candidato ofrece ventajas en cualquier proceso electoral y que Ahmadinejad, como todos sus similares a nivel mundial, lo aprovechó al máximo, poniendo a la oposición en una situación incómoda, sobre todo cuando en el régimen iraní los medios de comunicación y los espacios culturales tienen un control constante y directo por parte de los líderes del sistema. Pero no hay que confundir el agua con el aceite. De la misma forma que sus principales apoyos políticos en estas elecciones, los expresidentes Mohamed Jatamí y Alí Rafsanjani, Mousavi ha pertenecido siempre al establecimiento iraní, pudiendo ejercer una campaña decente en el característico ambiente de abierta polémica de la política iraní, en la que muchas cosas se discuten, con excepción obviamente del Islam. Además, Ahmadinejad gobierna pero no reina en Irán: no hay que olvidar que los asuntos de seguridad nacionales y política exterior están en manos del Gran Líder, el Ayatolá Ali Jameini, por lo que ni la elección de Mousavi ni la de cualquier otro habría representado un giro radical en temas que son muy sensibles internacionalmente, en particular para EEUU e Israel, como el programa de energía nuclear iraní. Ni Mousavi, ni sus socios políticos, ni sus seguidores han pretendido ni pretenden abandonar aquello que alienta y da sentido a su nación: el Islam. La conquista de la revolución islámica fue justamente el haber logrado, de forma sui generis y difícilmente comprensible para muchos periodistas extranjeros, una exitosa síntesis entre el Islam y las formas de gobierno y administración modernas, que respeta más la división de poderes que muchas democracias tropicales. Por ello resulta descarada la simpatía por las manifestaciones de protesta que abiertamente han manifestado los periodistas de la BBC o de Al-Arabiya (agencia noticiosa de Dubai), y otros canales muy vistos y leídos por Internet entre la población iraní de las grandes ciudades; una simpatía que Mousavi ha sabido capitalizar muy bien en provecho propio. Lo que hace pensar que la reacción del gobierno Iraní ante la prensa extranjera y ante el gobierno Británico, si bien sobredimensionada —y en buena parte producto de la necesidad puramente argumentativa de todo discurso político de echarle la culpa a alguien—, tiene sus motivaciones reales y más que justificadas.

Mousavi no es una simple víctima de los acontecimientos. Su anuncio de estar dispuesto al martirio por defender la causa de la oposición —en la que se mezclan más y más “agravios” y necesidades reprimidas a medida que pasan las horas— es claramente la culminación de una estrategia política muy bien calculada. Sin duda le está apostando a un pulso de poder al interior mismo del régimen iraní, apoyándose en la animadversión que despierta en muchos escenarios internacionales el discurso a menudo atrevido del actual presidente Ahmadinejad. Mousavi también se ha apoyado en los efectos desagradables de la crisis económica, en el aumento de la inflación y el desempleo para criticar al actual gobierno, pero sobre todo ha conseguido simpatizantes en aquel grupo de población iraní que cree que Ahmadinejad ha dejado muy mal parado a Irán a nivel mundial: un comprensible sentimiento de vergüenza que no sólo nace de las preocupaciones políticas de los ciudadanos bien —o mal— informados, sino también de su buen gusto. Como sus homólogos caribeños, Ahmadinejad discurre en ocasiones de manera chabacana gestando desaires inoportunos que fácilmente desatan reacciones paranoicas, exacerbando los ánimos en un entorno geopolítico harto conflictivo. No sólo a la comunidad internacional le interesa un Irán activo en la reconstrucción de Irak y Afganistán, que cumpla un papel de buen líder y no de agitador en el Medio Oriente, con un presidente que tenga un discurso más amable con Israel que le facilite la vida a los palestinos, que descargue de presión el conflicto libanés y que le permita a Turquía avanzar con el tema kurdo. También a muchos iraníes les interesa y están en todo su derecho de desear un presidente menos problemático, con un discurso menos incendiario o provocador, sobre todo cuando la era de Bush y su absurdo discurso del “eje del mal” se ha suavizado. Pero no cabe duda de que Mousavi, ese “reformista” de amplia aceptación en la clase media de los grandes centros urbanos y en los círculos intelectuales, pero de débil reconocimiento en las clases populares y en las zonas rurales, está jugando al apoyo, la simpatía y la presión internacional para obtener logros políticos a nivel interno. Su jugada política ha funcionado tan bien que hace tres semanas mucha gente no tenía ni la menor idea de que él existía y ahora, gracias a las amarillistas imágenes de la trágica y lamentable muerte de una joven en medio de las protestas, se está convirtiendo en una figura política de reconocimiento mundial.

El Estado de Irán tiene derecho a pedir que no interfieran en su política interna, pero también debe reconocer que en un mundo moral y tecnológicamente globalizado —en el que el control estatal de los medios es imposible y en el que los compromisos con la moral de otras naciones son ineludibles—, la jugada de Mousavi tiene aún más probabilidades de ganar a mediano y largo plazo. A Ahmadinejad le espera un gobierno inestable y difícil que no va a facilitar el diálogo con Occidente. Hay que esperar que las potencias occidentales no insistan en cuestionar el régimen islámico, presionado una transformación muy radical que no necesariamente el país está buscando. Estarían jugando con fuego y generando un escenario peor que el actual. Algo en lo que son expertas.



Musavi está a punto de lograrlo

Musavi está a punto de lograrlo

VICENTE TORRIJOS R.

Hay un gobierno lejano, un gobierno forastero, extra hemisférico, que se había dedicado a enturbiar las relaciones en el área andina : el gobierno de Mahmud Ahmadineyad, de Irán.

En efecto, este gobierno sembró las raíces del antisemitismo en Hugo Chávez, promovió los aires armamentistas en Venezuela, Ecuador y Nicaragua, y al parecer, ha envalentonado a Evo Morales para que desempeñe en América el papel que Mahmud cumple en Medio Oriente : el de agitador de grupos anti-democráticos con el fin de desestabilizar gobiernos y extender la revolución.

Adicionalmente, el hiperactivo presidente iraní se dedicó a amenazar al mundo con su programa nuclear, al que ha definido como “innegociable”, y en un arranque de altruismo terrorista ha decidido compartir esa tecnología con sus socios latinoamericanos que, ni cortos ni perezosos, estarían supliéndole del uranio que tanto le hace falta para poner a funcionar sus reactores.

Sin embargo, y tal como lo decíamos cuando Teherán decidió aplazar la gira de Ahmadineyad por estas tierras, la oposición moderada en su país lo ha puesto en ascuas y no le va a permitir seguir con sus andanzas.

Clérigos igualmente moderados, muchachos de las universidades que hacen todo lo posible para permanecer conectados electrónicamente sintiéndose parte de la globalización, y líderes políticos que no han cedido al chantaje, la persecución y el ostracismo, se han levantado con firmeza para denunciar el fraude electoral y la manipulación que ejerce el flamante Presidente sobre todo el aparato estatal iraní.

Sin dejarse amedrentar por las muertes con las que el régimen quería ver apaciguados a los activistas de la libertad, ellos han obligado al verdadero poder detrás del trono, el ayatolá Jamenei, a revisar el entramado electoral de su país y a abrir a Irán al mundo.

En otras palabras, Musavi, el líder de la oposición, está logrando de manera tranquila y paciente, pero suficientemente firme, devolverle la dignidad al país, sacarlo del anquilosamiento bélico en que estaba sumido, y ponerlo de nuevo en contacto con el mundo libre.

Por supuesto, Ahmadineyad no dejará del todo el poder.  Su régimen del miedo continuará alentando la discordia, la hostilidad y los métodos violentos en Medio Oriente y en América Latina.  Pero Irán ya es otra historia.  Ya no es solo la tenaza demoledora Alí-Mahmud, y un nuevo horizonte ha comenzado a abrirse para mejorar algún día la relación con Israel, con Occidente y con las auténticas democracias en Suramérica y el Caribe.   +++



¿ Mano dura, corazón blando ?

¿ Mano dura, corazón blando ?

VICENTE TORRIJOS R.

Algeciras es una agradable y tranquila población del Huila.  Su gente es amable, se come muy bien y el clima es inmejorable.

Pero las Farc se resisten a perder la poca influencia que les queda en el área, así que hace pocos días estuvieron a punto de eliminar a decenas de muchachos en una escuela para someter a la población al terror, para dominarlo con base en la fuerza destructora.

Popayán, por otra parte, también es muy tranquila.  La hospitalidad de su gente es proverbial, su Semana Santa es encantadora, el festival gastronómico ya tiene fama mundial y el clima es balsámico.

Pero, delirantes y soñadoras, las Farc quieren mantener algo de ese control hegemónico que ejercían sobre las drogas en el sudoeste, seguir influyendo sobre los pueblos indígenas vulnerables a su discurso violento y regular el flujo de recursos y la movilidad hacia el Ecuador.

Por esa razón, hace pocos días estuvieron a punto de explosionar una bomba en las calles de la ciudad, precisamente para doblegar a la gente, para que, tarde o temprano, terminen convenciéndose de que la única solución al conflicto irregular en Colombia es una solución dialogada y negociada con los terroristas.

Así que no se trata de que las Farc, iluminadas por el pensamiento certero de Alfonso Cano hayan resuelto ahora reactivar la columna Teófilo Forero para convertirla en una formidable unidad de acciones especiales con cuatro compañías estratégicamente diseminadas por el sur, dedicada a sembrar minas y a explotar el sentimiento antisistémico de los damnificados de DMG, todos ellos convertidos en una especie de milicianos ad honórem.

Lo único que las Farc están haciendo es explotar hábilmente su libreto estratégico de la resistencia activa y avanzada (‘resaca’) que les ha permitido sobrevivir a la ofensiva estatal durante los últimos siete años y que puede resumirse en dos variables : (a) el empleo del terror y las drogas, y (b) el auxilio logrado tanto a nivel interno como externo de organizaciones populares y gobiernos.

Combinando estas dos facetas de la resistencia : activa (el terror y las drogas), y avanzada (el auxilio interno-externo), las Farc tratan de parecerse a Uribe con una versión propia del eslogan presidencial, quedando en algo así como “la mano dura y el corazón blando”.

Mano dura, porque no van a descansar hasta poner la bomba en Algeciras, en Popayán y en otros sitios apacibles y emprendedores que han desterrado a la subversión.

Y corazón blando, porque, cuésteles lo que les cueste, se van a valer de agrupaciones cívicas y gobiernos extranjeros para convertirse en las dueñas de la ilusión de paz negociada con la que quieren convertir a Colombia en una pieza más de la revolución bolivariana.   +++



Ahmadineyad en su casa de reposo

Ahmadineyad en su casa de reposo

VICENTE TORRIJOS R.

En buena hora el presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, resolvió quedarse en casa y no emprender la visita que tenía programada a América Latina.

Primero, porque aquí casi nadie lo quiere.  Aparte de sus aliados genéticos, los presidentes Chávez, Correa y Morales, los demás países sienten que un intruso arrogante y pendenciero quiere tomarse a cualquier precio un café por estas tierras.

Y segundo, porque él se ha convertido en un foco de perturbación regional.  A pesar de lo lejos que vive, se las ha arreglado para propagar su antisemitismo en Venezuela convirtiendo a Hugo Chávez en el emblema regional del odio hacia el Estado de Israel.

Negando el Holocausto durante la reciente conferencia mundial contra el racismo, Ahmadineyad provocó, como era apenas de esperarse, la más airada protesta de los gobiernos democráticos y reconfirmó una vez más por qué es el combustible de la guerra en Medio Oriente.

Protesta que, por supuesto, no fue secundada por Chávez y sus adeptos, quienes, por el contrario, se han dedicado a violentar sinagogas, fomentar el odio entre las religiones y promover, como bien sabe hacerlo Teherán, todo tipo de acciones contra el imperialismo norteamericano y los gobiernos amantes de la libertad.

En vez de aceptar los cálidos llamados del presidente Obama para que modifiquen su conducta, o las afectuosas invitaciones de la secretaria Clinton para que se integren al esquema de seguridad occidental, Chávez y Ahmadineyad siguen agitando la llama de la confrontación : el primero, sin decidirse de una vez por todas a perseguir a las Farc en la frontera, y el segundo sin abandonar su tenebroso programa nuclear –tal como se lo ha venido sugiriendo con firmeza el Grupo de Contacto 5+1, es decir, los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, más Alemania-.

O sea, que en el fondo lo que tenemos es una alianza, la de Caracas y Teherán, que se opone a la amistad cada vez más sólida entre Bogotá y Tel Aviv, y que se resiste por todos los medios a su alcance a luchar contra el terrorismo, refrenar los apetitos expansionistas y abstenerse de alentar el antisemitismo.+++