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El armamento de Mahmud
VICENTE TORRIJOS R.
En la madrugada del pasado 4 de noviembre, a 180 kms. de la costa, y muy cerca de Chipre, un comando israelí interceptó a un buque mercante llamado ‘Francop’, procedente de Irán.
Nada más emprender la inspección, los hombres del Tsahal encontraron, impecablemente camuflados, centenares de toneladas de armas y municiones con destino a Hezbolá, el “partido de dios”, esa peligrosa organización islamista y paramilitar libanesa que se nutre de los apoyos del presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, íntimo aliado de Hugo Chávez.
Había granadas, obuses de mortero, misiles antitanques, misiles tierra-aire y decenas de cohetes Katiucha con los que no solo Hezbolá, sino la otra organización terrorista afiliada, Hamás, atentan diariamente contra la población israelí al lado de Gaza, Judea y Samaria.
Por supuesto, no es la primera vez que los servicios de seguridad israelí desbaratan las intenciones criminales de Ahmadineyad y sus cómplices en Medio Oriente, pero sí es una muestra contundente de los tentáculos de la amenaza, sobre todo ahora, cuando el general Amos Yadlin ha revelado que Hamas cuenta ya con un cohete iraní de 60 kms. de alcance, es decir, con capacidad de impactar a Tel Aviv.
El problema está en que los tentáculos islamistas no llegan sólo a Tierra Santa. Se extienden a todo el hemisferio occidental y ya contaminan el Cono Sur, el Caribe, e incluso se posan sobre Colombia, en donde la Fiscalía General ha empezado a poner al descubierto la red del terrorismo iraní.
Así como a mediados de año se descubrió que las Farc tenían en su poder misiles tierra-aire pertenecientes al ejército chavista, lo que hay que preguntarse ahora es qué tan lejos podría estar llegando el apoyo logístico del eje Caracas-Teherán a la agrupación subversiva colombiana como parte que es de esa red global del terror “anti-imperialista”.
Alimentada por la consideración del presidente Chávez, para quien la cooperación colombo-norteamericana en siete bases militares es una “auténtica declaratoria de guerra”, la red del terror islamista ya no es un problema de la Triple Frontera, ni de ciertos núcleos urbanos en Londres, París, Nueva York o Maicao, sino una verdadera amenaza integral en la que, por supuesto, las Farc encajan como anillo al dedo.
Desenmascarar al régimen iraní es, en consecuencia, una tarea prioritaria para la democracia colombiana. Y lo primero que todo islamista mahmud-chavista ha de saber es que Colombia siempre será estéril, tan estéril como el desierto de Negev, para su enfermizo y desorbitado proyecto terrorista internacional. +++
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Bateragune
VICENTE TORRIJOS R.
‘Bateragune’ es una palabra del euskera, la lengua vasca, que significa ‘todos juntos’.
Pero también es el nombre que, según la Eta, debía identificar de ahora en adelante a su brazo político para tratar de influir significativamente en las elecciones municipales del 2011.
Unas elecciones clave, en términos nacionalistas, por cuanto la izquierda ‘abertzale’ (patrioterista) del País Vasco ha venido perdiendo la fuerza e influencia que tuvo durante los noventa cuando llegó, incluso, a promover una especie de asamblea constituyente de naturaleza local titulada ‘udalbiltza’, encargada de agitar la convivencia para generar una “base social de paz” aglutinante y arrolladora.
A los que vivimos enamorados de Euskadi, de su belleza natural, su cocina, su espontánea hospitalidad, y, cómo no, su exuberancia ideológica, nos sorprendía, hasta hace poco, la versatilidad política de Eta y la pasividad estatal que permitía, con pasmoso inmovilismo, que el nacionalismo leninista se apoderara de la sociedad vasca sumiéndola cotidianamente en el terror, la desconfianza y el chantaje (soberanista, independentista y auto determinador).
Bateragune, entonces, era la mejor idea concebida por la cúpula de la banda armada para recobrar la iniciativa política y tratar de liderar al nacionalismo (en su conjunto), sensiblemente afectado tras la derrota electoral reciente que llevó al poder al socialismo democrático.
Pero ya sin miedo, plantando cara, y dispuestas a dar batalla contra la revuelta callejera, la extorsión a las empresas, la intimidación en la cátedra, la permeabilidad fronteriza, y el control de los medios estatales de comunicación regional, tanto las fuerzas políticas que abominan la violencia, como los ciudadanos de bien, han resuelto ponerle fin a los tentáculos sociales y políticos que le daban aliento a las acciones terroristas.
Bajo el rótulo inspirador de la ‘Revolución de la Normalidad’, el nuevo presidente vasco, Francisco López, ha encabezado la recuperación de las libertades y la defensa del sistema democrático recobrando la estructura simbólica del poder (banderas, lemas, espacio público) y acompañando a la administración de justicia en la tarea de encarcelar a todo apologista del terror.
Con el apoyo decidido del presidente Sarkozy, a quien tampoco le tiembla el pulso para ordenarle a la policía que capture hasta el último etarra en territorio francés, la depuración ha comenzado, las fachadas partidistas se desmoronan y el terrorismo está siendo desenmascarado sin contemplación alguna. +++
Independencia para los miskitos
VICENTE TORRIJOS R.
Los miskitos son una etnia que, desde siempre, ha habitado la Moskitia, es decir, la costa Caribe de lo que hoy es Nicaragua. Se trata de un pueblo aguerrido, con alto nivel de conciencia política, pragmáticamente centrado en sus objetivos históricos e imbuido por un nacionalismo eficaz que no se va por las ramas de la globalización totalizadora. Dueño de una identidad claramente expuesta ante la comunidad internacional, este pueblo ha asumido a plenitud el desafío de materializar su derecho a la autodeterminación y desde los años ochenta se ha enfrentado al sandinismo imperante.
Enfrentamiento que, por supuesto, se agudiza ahora, cuando el mismo Daniel Ortega de entonces pretende adueñarse del poder para no volver a dejarlo, para no tener que repetir esa amarga experiencia de 1990 cuando Violeta Barrios lo derrotó en franca lid electoral. Recios y altivos, los miskitos han vuelto, pues, a demandar su independencia, sometidos como están a una inmisericorde explotación de su territorio sin ningún beneficio, sin ningún control compartido, sin autonomía integradora.
De hecho, la última Convención que tuvieron, les llevó a la conclusión de que era necesario “ … defender sus derechos históricos y su integridad territorial ante cualquier agresión” y, en consecuencia, resolvieron prepararse para garantizar el respeto por sus “derechos democráticos y libertarios”. En otras palabras, y para no reanudar las amargas experiencias violentas del pasado reciente, la etnia, con su jefe de gobierno, “el Wihta Tara”, acaba de plantearle un diálogo reposado al comandante Ortega (el mismo que condecoró en su momento a ‘Tirofijo’, que amenaza cotidianamente a la nueva Honduras libre, y que secunda a Hugo Chávez en cada aventura que se le ocurre emprender).
En todo caso, diálogo sosegado y sostenible para que el sandinismo, primero, y la sociedad nicaragüense después, acepten de una vez por todas “y de manera pacífica, la restauración del Estado independiente de la Moskitia”, de esa misma Moskitia que un día hizo parte de la estructura territorial colombiana y que se le endosó a Managua a cambio del reconocimiento pleno de nuestra soberanía sobre el archipiélago de San Andrés y la aceptación del meridiano 82 como línea limítrofe entre los dos Estados.
Menudo problema, entonces, el que se le viene encima al chavismo nicaragüense porque así como Daniel Ortega, obnubilado por el afecto y la dulzura de los rusos, les ha complacido con el reconocimiento de Osetia del Sur, ahora tendría que actuar en consecuencia y aceptar pacíficamente la independencia de la Moskitia antes de que sea demasiado tarde para todos. +++