Archivado en: Ciencia Política y Gobierno, General, Notas académicas, Relaciones Internacionales
El ilusionista
VICENTE TORRIJOS R.
El canciller ecuatoriano, Fander Falconí jura y vuelve a jurar que su gobierno bolivariano obtuvo un triunfo rotundo sobre el colombiano en los últimos días.
Arrastrado por la necesidad de mostrar avances en sus recortadas gestiones, el Canciller presume que Colombia se vio obligada a firmar la declaración final de Bariloche arrastrada por la impecable lógica política del chavismo quiteño.
A su juicio, la Casa de Nariño se ha comprometido a respetar su versión de Suramérica como ‘zona de paz’, neutralizando, de paso, el uso de las bases militares compartidas con los norteamericanos porque desde ellas no se podrá emprender acciones armadas contra ningún país.
Alentado por esa “enésima vez” con que el presidente Uribe le ha pedido perdón por haber ejecutado la Operación Fénix, Falconí está que baila de la dicha porque, así las cosas, podría seguir haciéndole exigencias a nuestro buen ministro Bermúdez durante la cita que tendrán en las próximas semanas.
¿Si ellos ya han accedido a tantas cosas, se estará diciendo don Fander, cómo no van a satisfacernos también en eso de indemnizarnos, darnos a conocer los pormenores de la susodicha operación, dejar de vincularnos a las Farc y, lo mejor de todo, cómo no van a firmar unas garantías jurídicas de que jamás volverán a usar la fuerza a nivel extraterritorial amparándose en el derecho a la legítima defensa ?
Emocionado, además, porque varios medios de comunicación están mostrando a su gobierno como flexible, proclive al diálogo y más interesado que ninguno en la normalización, el presuntuoso Canciller estará frotándose las manos porque al fin podrá anunciarle al mundo que al estar Colombia debidamente sometida a sus condiciones, doblegada y dócil, se ha hecho merecedora a que Correa dé la orden de reanudar las relaciones.
Guiado también por los sabios consejos de sus aliados del Polo Democrático y de Colombianos por la Paz, Falconí podrá darse, paralelamente, a la tarea de montar ‘bases de paz’ en la frontera, rendir culto a los heroicos insurgentes de la guerra de liberación en Colombia, y cooperar con su líder natural, el comandante Chávez, en la tarea de intervenir en las elecciones presidenciales hasta donde sus fuerzas lo permitan con tal de lograr la paz y la reconciliación que los colombianos tanto anhelan. +++
Archivado en: Ciencia Política y Gobierno, En la actualidad, Notas académicas, Relaciones Internacionales
Telaraña
VICENTE TORRIJOS R.
Ha llegado la hora de ser conscientes de varias cosas. Primero que todo, a Chávez se le ha ocurrido crear lo que en sus propias palabras es un “Plan Político” para nuestro país.
Ese Plan Político consiste en convertir “la paz de Colombia en una política de Estado para Venezuela”. Habrase visto.
Semejante política de Estado se basa en múltiples iniciativas, pero ante todo en “operaciones informativas” (desde anuncios en los diarios hasta agitación de todo tipo) para “liberar a los colombianos de la oligarquía criolla y del yugo norteamericano”.
Como se sobreentiende, liberar significa financiar, promover y estimular justamente eso : movimientos de liberación de todo tipo y que combinen todas las formas de lucha.
Ese movimiento de liberación estará fundado en “la red de amigos de la revolución bolivariana, que en Colombia son muchos”.
Red de amigos (muy influyentes unos, peones de brega otros) que, como es apenas obvio, tendrán que estar bien financiados para que lideren opinión, emprendan campañas electorales, contagien a todos los sectores de la sociedad y del Estado, y se extiendan transversalmente como una gran coalición antiuribista de la que puedan hacer parte también organizaciones como las Farc y el Eln, en tanto actores clave “del intercambio humanitario, la solución negociada del conflicto, la reconciliación y la paz”.
Red de amigos que, por supuesto, tendrá que estar apoyada desde afuera por los gobiernos de la Confederación Bolivariana, gobiernos que harán también su aporte a la desestabilización del régimen pro-imperialista montando “bases de paz” en las fronteras, convocando a disparatados “referendos continentales” en contra de la presencia yanqui en Colombia, y emplazando al Gobierno Nacional por haberse convertido en “la principal amenaza” para los destinos de la región.
Desestabilización que comenzó hace tiempo con el amparo y la promoción del terrorismo pero que ha de continuar ahora mediante la deslegitimación de la cooperación militar con los Estados Unidos, la exigencia de “garantías jurídicas” de que Colombia no emprenderá acciones de legítima defensa anticipada, y el enjuiciamiento al país como parte de un “contencioso” con Ecuador y Venezuela, tal como lo llama el imaginativo asesor de Lula, Marco Aurelio García.
Se trata, pues, de una ingeniosa escalada de intervencionismo expansionista y conspirador que se estrella, claro está, con el formidable aparato estratégico colombiano cuyo pensamiento, ejecución y proyección ha superado y supera, con mucho, las desesperadas maniobras del Coronel y sus secuaces. +++