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La guarida sandinista
VICENTE TORRIJOS R.
El comandante sandinista que recibió y concedió en su momento los máximos honores a su colega Manuel Marulanda, se puso de acuerdo con el presidente ecuatoriano, metió en un avión a las tres compañeras de Raúl Reyes y se las llevó a vivir a Managua, donde habrán encontrado a cientos de colegas, todos ellos simpatizantes de la lucha revolucionaria en Colombia.
Con ello, el presidente ecuatoriano dejaba absolutamente claro que no era necesario expresar formalmente su adhesión a la Alternativa Bolivariana para las Américas porque, en la práctica, más importantes que las declaraciones son los acuerdos concretos, la coordinación de políticas y la identificación clara de los propósitos compartidos para agraviar a adversarios comunes, como el gobierno colombiano.
Por su parte, el comandante Ortega asumía el papel de peón de brega de la revolución bolivariana para aliviarle a su colega ecuatoriano la pesada carga de mantener en su territorio a quienes habían sobrevivido a la operación militar que con mayor contundencia demostró el nivel de complacencia y tolerancia de Quito con la guerrilla colombiana.
Pendenciero sin ambages, curtido en las lides del combate a campo abierto y en las intrigas de las operaciones encubiertas, el comandante Ortega se siente autorizado para desafiar a Colombia porque, según él, la tiene emplazada ante la Corte Internacional de Justicia, la ha puesto en su sitio al expresar abiertamente su admiración por el Secretariado, y la tiene entre la espada y la pared provocando a diario a su fuerza naval con decenas de pesqueros jugando al gato y al ratón a uno y otro lado del meridiano 82.
Así que por fin le ha llegado la hora al comandante de responder ante la comunidad internacional por sus desmanes y delirios.
Notas de protesta, solicitud de extradición, denuncia de sus actos, debate en la OEA, presencia militar reforzada en las aguas del Caribe y, por què no, un debate de una vez por todas en el mismo Consejo de Seguridad de la ONU son apenas las primeras dosis de Ritalìn que deberá consumir el trasgresor.
Palabras más, palabras menos, ha llegado la hora de que se sepa y se sancione el juego que juega el comandante: a quiénes protege, de quién y de qué está siendo cómplice, y qué tanto está promoviendo el terrorismo desde su guarida. +++