Archivado en: Relaciones Internacionales
Por: Andrés MOLANO-ROJAS 05 de mayo de 2008
Coyas y cambas
El del “socialismo del siglo XXI” es un camino sinuoso, paradójico, y nugatorio —como la retórica vocinglera de sus líderes, el pastiche ideológico que lo sustenta, y su improvisada práctica económica y política. Si no, que lo digan en Bolivia, luego del referendo autonomista votado ayer en Santa Cruz, y que no pudo atajar por ningún medio el presidente Morales, ni siquiera yendo a la región a distribuir —él mismo— dinero y alimentos entre las gentes de a pie, como tiene que ser en ese nuevo socialismo, que ni crea ni deja crear riqueza, pero no pierde ocasión de repartirla.
“Evo cumple”. Y es verdad: embarcó a Bolivia en un agitado proceso constituyente con grave riesgo de implosión para la frágil institucionalidad del país; ha tomado medidas económicas con arreglo al oscuro axioma, por él acuñado, según el cual “no hay que vivir mejor, sino tan bien como se pueda”; y con su proyecto indigenista y colectivista, en lugar de incluir e integrar, ha logrado ensanchar como nunca la brecha racial, política y social entre cambas mestizos y coyas indígenas, por la que ya empieza a escurrirse el futuro de Bolivia.
A fin de cuentas, para crear el Estado, la sociedad y el hombre nuevos, el socialismo del siglo XXI —como su predecesor del XX— tiene que acabar primero con todo lo que haya, así sea poco. Y para eso sí, al parecer, no le faltan la eficiencia y el talento de los que carece para otros y más positivos menesteres. +++