Polinotas


Helicóptero en Tobar Donoso
Abril 15, 2008, 10:48 am
Archivado en: Relaciones Internacionales

VICENTE TORRIJOS R.

Completamente asfixiado por el ‘síndrome Pazmiño’, es
decir, por una profunda desconfianza hacia todo
militar que lo rodea, el presidente ecuatoriano piensa
que al nombrar como ministro de Defensa a su
Secretario Privado podrá por fin dormir tranquilo.

Pero se equivoca.  Primero, porque si fuera verdad
aquella novela montada por él mismo según la cual la
CIA está comprando la conciencia de sus militares, el
asunto no se solucionaría cambiando a tres o cuatro
comandantes.

Y segundo, porque si está pensando en que sus Fuerzas
Armadas se van a convertir en cómplices de las Farc
para auxiliarlas y alentarlas de acuerdo con el
proyecto expansionista de la revolución Bolivariana,
pues también está pecando de ingenuidad y, sobre todo,
cometiendo una gran falta de respeto hacia las propias
tropas.

Dicho de otro modo, el desconcertado señor Ponce,
nuevo ministro de Defensa, no va a saber qué hacer,
sintiéndose como emparedado entre un presidente afín a
las causas insurgentes y un ejército formado en la
defensa de la democracia y la lucha contra el
terrorismo.

Para no andar con rodeos, lo único que se puede
esperar de un gobierno manejado de tal forma es que
siga amparando a la mexicana Lucía Morett, otra de las
empijamadas en el campamento de Raúl Reyes ; que siga
desgastándose ante La Haya y la Oea denunciando a
Colombia cuando bien sabe que quien está en la mira de
la comunidad internacional es él ; y que siga dándoles
a sus pilotos la orden de que huyan como vulgares
ladronzuelos cuando sean interceptados y obligados a
aterrizar por la Fuerza Aérea Colombiana violando el
espacio aéreo del vecindario.

Ahora se alarma cuando allá mismo, en Tobar Donoso,
otro helicóptero, pero esta vez un colombiano, y no
apoyando sino combatiendo al terrorismo internacional,
aparentemente sobrepasa la frontera y regresa a su
base sin mayores traumatismos, sin generar
discrepancias entre las fuerzas de uno y otro lado.

En conclusión, el presidente Correa va a tener que
esforzarse demasiado si quiere controlar a sus propios
militares y si quiere impedir que Colombia prosiga en
la lucha abierta contra el terrorismo internacional.
Él sabe lo que tiene que hacer.  Tan solo tiene que
tomar partido.  Y no equivocarse nuevamente.


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